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viernes, 29 de enero de 2016

Día de la Paz











Molinos del diálogo


Uno de los valores que caracterizan a D. Quijote y Sancho es el diálogo. Dialogaban mucho de sus distintos puntos de vista y de todas las hazañas que vivían. Así que invitamos a todo el alumnado a realizar voluntariamente molinos del diálogo, que fueron expuestos en la biblioteca. Los objetivos fundamentales de esta actividad ha sido inculcar el valor del diálogo, que también se traslada a los padres, ya que lo realizaron en casa. Ha sido un modo de que toda la Comunidad Educativa se impregne e involucre en promover este valor tan importante.





Por otro lado se propuso pegar en uno de los molinos grandes que decoran la biblioteca, mensajes de paz a través del diálogo, para ello utilizamos pequeños bocadillos en blanco.







Se expuso un cuento sobre el diálogo e información sobre el mismo tema.



EL VALOR DEL DIÁLOGO

Tu voz y mi voz

Una de las más sorprendentes facultades de los seres humanos (y de nuestros parientes cercanos, los mamíferos) es la posibilidad de comunicarse y darse a entender. Para ello contamos con distintos recursos como nuestro idioma (lenguaje verbal), pero también con el lenguaje no verbal (gestos y expresiones corporales). Estos recursos nos permiten manifestar nuestras ideas, deseos e intenciones y conocer los de los demás. Sin embargo, no siempre hacemos el mejor uso de ellos. Las conversaciones pueden volverse superficiales y un poco tontas, como si fueran puro ruido. No escuchamos con atención a los demás y a veces tememos decir lo que sentimos. El valor del diálogo consiste en pensar con inteligencia y cuidado lo que vamos a decir, en abordar temas importantes para nuestra vida, escuchar atentamente a los otros y hacernos oír por los demás. Las metas más importantes del diálogo son la paz, la concordia, la comprensión y la solución de conflictos.


El extremo opuesto

La actitud contraria al diálogo es la incomunicación. Ésta provoca una sensación de aislamiento en las personas porque no pueden compartir con los demás lo que sienten o necesitan. Por otra parte, impide que las gentes se conozcan tal y como son, por lo que viven en una permanente soledad. La incomunicación impide realizar proyectos comunes y resolver conflictos. En los casos más graves genera tensiones que, con el tiempo, pueden tener serias consecuencias que van desde el divorcio (cuando los miembros de una pareja no se comprenden), hasta una guerra (cuando una nación no escucha las razones de otra).


Para la vida diaria

1. Usa el diálogo para solucionar dificultades de todos los tamaños. Cuando tengas un problema o necesites tomar una decisión primero piensa y después dialoga. Si tu problema es con otra persona invítala a conversar y encuentra una base común sobre la que pueden ponerse de acuerdo. Si tu dificultad es con respecto a una situación o conflicto individual solicita la opinión de un amigo de confianza e intercambia ideas con él. Prefiere siempre a los más inteligentes y mejor informados.


2. Usa el diálogo para elaborar propuestas creativas. No sólo es un recurso para remediar problemas, sino también para iniciar nuevas empresas. Trata de planear actividades en equipo, explícales a las personas participantes tu propia visión y escucha la visión que tienen ellas. Traten de conseguir planes o conclusiones con los que todos se sientan satisfechos y representados.


3. Haz que la gente hable. Promueve el diálogo en los espacios donde se desarrolla tu vida. El principal de ellos es el hogar. Existen “familias silenciosas” en las que todos guardan para sí sus enojos, ilusiones, planes o problemas; ello genera una peligrosa presión. Invita a tus familiares a expresarse libremente como una práctica habitual. Fijen una cita semanal para hacerlo.


¿Ya lo pensaste?

Una conversación común es espontánea y no requiere mayores estrategias. Un diálogo formal que busca construir soluciones tiene mayores requisitos. El profesor Pedro de los Ángeles plantea estas reglas:


1) Fíjate en lo que quiere el otro. Distingue su intención y evalúa su interés.

2) Deja hablar al otro. Escúchalo con atención, no lo contradigas, reconoce sus verdades y hazle preguntas.

3) Pídele que te demuestre lo que está diciendo.

4) Hablen del tema preciso. No se distraigan tratando otros asuntos.

5) Comparte estas reglas con la otra persona para que las siga contigo.

6) Si llevan mucho tiempo dialogando y no llegan a un acuerdo, esperen un poco e intenten de nuevo. Recuerda: no se valen groserías, gritos o manotazos.


Para entender el diálogo

Los especialistas en zoología han descubierto que los animales cuentan con formas especiales de comunicarse. Los prodigiosos delfines emiten sonidos especiales que viajan por el agua y transmiten datos sobre su ubicación y eventuales peligros. Sin embargo, ninguna especie cuenta con un lenguaje tan amplio y desarrollado como el género humano que dispone de miles de palabras y estructuras gramaticales para intercambiar información, expresar estados de ánimo y crear poemas de sonido musical, entre muchas otras opciones. La más elevada y valiosa de ellas es el diálogo: la conversación para construir acuerdos, resolver conflictos y relatar experiencias. No importa qué problema tengas, la comunicación con las personas adecuadas siempre te ayudará a resolverlos. Nunca te quedes callado, pero recuerda que el diálogo también tiene reglas: usar un tono correcto, respetar a la otra persona y pensar lo que vas a decir. Aprende a escuchar a los demás, considera lo que dicen y admite sus opiniones cuando te parezcan razonables. Si descubres que algo que afirmaste es incorrecto, acéptalo con valor y humildad.


Un mensaje para los padres

Que los hijos hablen

Los padres de hoy enfrentan diversas preocupaciones en relación con sus hijos. Sin embargo, varios de los problemas que éstos sufren les pasan inadvertidos por falta de comunicación. Entre ellos pueden mencionarse asuntos tan serios como la adicción a drogas, la violencia escolar, el abuso o trastornos de autoestima. La aproximación común en forma de interrogatorio solemne suele ser improductiva. La mejor manera de detectar y prevenir estos conflictos y fortalecer el vínculo familiar es una conversación abierta y constante: permitir que los chicos hablen como una costumbre cotidiana, oír con paciencia sus experiencias, temores e ilusiones y ofrecer respuestas a sus preguntas. Hay que evitar el tono de juicio que sólo inhibe sus expresiones y rompen la confianza.


Problemas reales, soluciones de valor

Alto a los chismes

La palabra “chisme” es tan común en nuestra vida diaria que ni siquiera nos fijamos en ella ni reconocemos su poder destructor. Un chisme es una murmuración, la difusión de un rumor o noticia falsos que tienen por objeto perjudicar a una persona y dañar su prestigio. En otro sentido, buscan deteriorar las relaciones humanas provocando enfrentamientos y divisiones que pueden tener consecuencias negativas. De esta manera, los chismes representan el extremo contrario de un diálogo frontal, sincero y abierto entre amigos y familiares. Por los grandes perjuicios que pueden provocar hay que combatirlos de todas las formas posibles. Si una persona te desagrada, simplemente evita hablar de ella. Si alguien se acerca a ti para hablar mal de una tercera persona, no lo escuches. Si sabes que tú eres objeto de un chisme, busca a las personas responsables y conversa con ellas para quejarte de su acción.



Un mensaje para los maestros

Impulsar la comunicación

Como docente usted es responsable de fomentar una de las habilidades más importantes para el futuro de sus alumnos: la comunicación. Independientemente de la materia o materias que usted imparta, haga del uso del lenguaje un eje transversal del proceso educativo, mediante prácticas como el debate, la oratoria, la conversación y los juegos de palabras. Tenga siempre presente la dimensión escrita, pero enfatice especialmente la dimensión oral pues ésta permitirá a los alumnos cobrar mayor seguridad en sí mismos, expresar sus inquietudes a la familia y abrirse oportunidades profesionales. De ser posible, de vez en vez las tareas y los exámenes deberán presentarse en forma oral. Si en el aula algún chico tartamudea, tiene problemas de dicción o dislexia, hable con su familia y refiérase con un terapeuta del lenguaje.




http://cuentaminamepozuelo.blogspot.com.es/2012/05/el-valor-del-dialogo.html





CUENTO



Tigre negro, venado blanco


Un fabuloso tigre negro que habitaba la selva del Amazonas estaba cansado de dormir a la intemperie. Pensaba casarse muy pronto y, para casarse, hay que tener una casa. Por eso decidió construir una choza con todas las comodidades, a la orilla de un río. Pero no era el único que planeaba construir en ese lugar… Un delicado venado blanco tenía idénticos propósitos, ignorante de que por allí andaba una de sus mayores amenazas.

Una mañana, antes de que saliera el sol, el venado comenzó a preparar el terreno para construir y salió de paseo. En ese momento llegó el tigre, quien se sorprendió al ver que la superficie estaba lista y despejada para fincar. “Con seguridad Tulpa, el misterioso dios de la selva, ha venido a ayudarme”, pensó, y comenzó a trabajar con unos troncos que ya estaban cortados. Horas después, ya exhausto, se alejó de allí para descansar.

Al amanecer siguiente llegó de nuevo el venado y al hallar tan avanzada la obra también creyó que el enigmático Tulpa le había prestado ayuda. Le puso techo a la choza, la separó en dos habitaciones, y se puso a vivir en una de ellas. Por su parte, el tigre negro llegó más tarde y al ver la choza terminada, se instaló en la habitación situada junto al dormitorio del venado. Así transcurrió la noche. Ambos despertaron con sed y, al dirigirse al río para beber, se encontraron frente a frente y comprendieron lo que había ocurrido.

“Bueno”, dijo el venado, “esto ocurrió porque Tulpa quiere que vivamos juntos, ¡qué raro! ¿verdad? Y como todavía somos solteros podemos compartir esta choza ¿qué te parece?”. El tigre respondió: “Está bien. Podemos dividirnos las tareas. Hoy a mí me toca ir por la comida.” El tigre salió de cacería y regresó cargando ¡el cuerpo de un venado rojo! Al entregárselo al venado blanco éste lo preparó, pero no probó bocado y aquella noche no durmió pensando en que el tigre podría devorarlo.

Al día siguiente tocó al venado salir a buscar la comida. Halló un tigre más grande que su compañero y, con la ayuda del oso hormiguero, lo capturó y lo llevó a casa. “Mira”, le dijo al tigre negro, “aquí está la comida”. El tigre negro cocinó la carne, pero no la probó. Cuando oscureció tanto el tigre como el venado temblaban pensando en el ataque del vecino. Accidentalmente el venado golpeó la pared de su cuarto. El tigre reaccionó con un rugido. Ambos creyeron que la guerra había comenzado y salieron huyendo. La choza quedó abandonada y fue ocupada por un grupo de monos.

Por la noche, otra vez a la intemperie, el tigre negro pensaba “¡Tan sencillo que hubiera sido conversar y ponernos de acuerdo, ahora que yo estaba pensando volverme vegetariano!” El venado blanco, vagando bajo la lluvia también reflexionaba: “extraño al tigre. Hubiera sido increíble vivir juntos y reunir a nuestras familias… Ahora tendremos que empezar de cero”.






Tapiz de la Paz

La idea parte tomando como referencia el Proyecto Lágrimas Negras de Amaranta y consistió en elaborar un tapiz para la paz. Está compuesto por 16 piezas (13 cursos, grupo Mel, escuela de padres y profesorado) de 40 x 40 cada una. Cada grupo decoró su trozo de tela con un motivo de paz utilizando diversos materiales, teniendo en cuenta que iba a ser expuesto en el exterior. Luego se unieron los trozos formando un solo tapiz, de esta forma el colegio pone su sello de la paz.




viernes, 30 de enero de 2015

Día de la PAZ 2015








La nación china ama las flores y la flor de loto es una de las 10 especies más famosas del país, las más favorecida durante cientos de años. Crece en las zonas pantanosas y se eleva sobre la superficie para florecer con una sorprendente belleza, es enorme, de un color intenso, acentuada fragancia y sumamente adaptable. Por las noches se cierra y se sumerge bajo el agua, y al amanecer emerge nuevamente y vuelve a abrirse. Impoluto, el loto simboliza la pureza del corazón y la mente y representa una larga vida, la humildad, el honor y la PAZ.

Representantes de toda la Comunidad Educativa se acercaron a la Bibliopatio para elaborar una gran flor de loto.



Contribuían con un pétalo o una hoja, que varias madres se encargaron de montar. 


Los alumnos de varios cursos elaboraron la suya y la fueron aportando a la bibliopatio.



De esta manera se creó el símbolo de la paz elegido para este curso.



* * *

Como personaje de Paz se escogió a Malala Yousafzai, niña que ganó el premio Nobel de la Paz, por la defensa de la educación de las niñas en Pakistan. Se trabajó en los diferentes cursos y en la bibliopatio se expuso Comic.


* * *
Nuestro "libro de la Paz"
Libro en blanco, en el que puede participar toda la Comunidad Educativa. Se escribe o pega una reflexión o dibujo sobre la paz en su entorno más cercano: fútbol, hogar, la calle, colegio... Se ha titulado "PON PAZ EN TU VIDA"




* * * 

Propuesta de lectura




jueves, 30 de enero de 2014

Día de la PAZ.




DÍA DE LA PAZ




Un grupo de alumnos, al visitar la bibliopatio para su hora de lectura, se encontraron con diferentes libros de Gloria Fuertes y una gran paloma blanca, acompañada de unos grandes corazones.


Descubrieron a la escritora y el tipo de lectura que podían encontrar en sus libros. Y por último debían encontrar, en ellos, poesías donde la paz y el amor se hicieran presentes y escribirlas en los diferentes corazones.



miércoles, 30 de enero de 2013

Día de la paz


UNA LEYENDA PARA LA ESPERANZA



Las grullas de origami (papiroflexia) se hicieron famosas a nivel mundial con la historia de la niña Sadako Sasaki, víctima de la bomba atómica de Hiroshima durante la II Guerra Mundial. Superviviente de la explosión, a los nueve años cayó enferma de leucemia. Una amiga le recordó la tradición de los origamis y se propuso completar las mil para pedir como deseo la curación de los afectados y la paz. Pero Sadako no lo consiguió y falleció. Sin embargo, había nacido un símbolo para todos. Sus compañeros de clase completaron las figuras de papel que faltaban y años después Hiroshima levantó un monumento en su recuerdo en el Parque de la Paz, epicentro de la explosión y donde aún un edificio en ruinas recuerda aquella tragedia. Su emotiva historia rápidamente se hizo famosa en Japón y occidente.


LEYENDA DE LAS MIL GRULLAS.

La antigua tradición japonesa cuenta que aquel que realizara 1000 grullas en origami recibiría a cambio el cumplimiento del deseo que pidiera al realizarla ( dado que cuenta la leyenda que fueron 1000 los días que tardo una grulla en llegar al Sol Naciente desde la espalda de una tortuga).




DESDE LA BIBLIOPATIO



Queriendo conocer y trabajar otras culturas, desde la bibliopatio se lanzó la idea de realizar mil grullas de papel.
Los alumnos de 4º de la ESO fueron los encargados de transmitir la idea. Visitaron a los diferentes cursos y en forma de cuentacuentos dieron a conocer el proyecto.
Para crear algo de ilusión, se realizó una gran grulla, la primera, que se expondría en la biblioteca.

En la hora del recreo se realizaron talleres en la bibliopatio, donde se les enseñaba a realizar las grullas con papel reciclado. 




A partir de este momento las familias se pusieron manos a la obra y de esta manera toda la Comunidad Educativa se unió en un mismo proyecto "La Paz". Poco a poco comenzaron a llegar montones de grullas, de todos los tamaños.


Se acercaba el día y se comenzó a contar y unir las grullas mediante hilo de pita.



Y el 30 de enero el cielo del patio quedó cubierto por una gran cantidad de grullas, 1000.





CUENTO

MIL GRULLAS
De Elsa Bornemann

Naomi Watanabe y Toshiro Ueda creían que el mundo era nuevo. Como todos los chicos. 
Porque ellos eran nuevos en el mundo. También, como todos los chicos. Pero el mundo era ya muy viejo entonces, en el año 1945, y otra vez estaba en guerra. Naomi y Toshiro no entendían muy bien qué era lo que estaba pasando.
Desde que ambos recordaban, sus pequeñas vidas en la ciudad japonesa de Hiroshima se habían desarrollado del mismo modo: en un clima de sobresaltos, entre adultos callados y tristes, compartiendo con ellos los escasos granos de arroz que flotaban en la sopa diaria y el miedo que apretaba las reuniones familiares de cada anochecer en torno a las noticias de la radio, que hablaban de luchas y muerte por todas partes. Sin embargo, creían que el mundo era nuevo y esperaban ansiosos cada día para descubrirlo.
¡Ah…y también se estaban descubriendo uno al otro! 
Se contemplaban de reojo durante la caminata hacia la escuela, cuando suponían que sus miradas levantaban murallas y nadie más que ellos podrían transitar ese imaginario senderito de ojos a ojos. 
Apenas si habían intercambiado algunas frases. El afecto de los dos no buscaba las palabras. Estaban tan acostumbrados al silencio… 
Pero Naomi, sabía que quería a ese muchacho delgado, que más de una vez se quedaba sin almorzar para darle a ella la ración que batatas de había traído de su casa.
-No tengo hambre-le mentía Toshiro, cuando veía a la niña apenas si tenía dos o tres galletitas para pasar el mediodía. - Te dejo mi vianda - y se iba a corretear con sus compañeros hasta la hora de regreso a las aulas, para que Naomi no tuviera vergüenza de devorar la ración.
Naomi… Poblaba el corazón de Toshiro. Se le anudaba en los sueños con sus largas trenzas negras. Le hacía tener ganas de crecer de golpe para poder casarse con ella. Pero ese futuro quedaba tan lejos aún…
El futuro inmediato de aquella primavera de 1945 fue el verano, que llegó puntualmente el 21 de junio y anunció las vacaciones escolares.
Y con la misma intensidad con que otras veces habían esperado sus soleadas mañanas, ese año los ensombreció a los dos: ni Naomi ni Toshiro deseaban que empezara. Su comienzo significaba que dejar de verse durante un mes y medio inacabable.
 A pesar de que sus casas no quedaban demasiado lejos una de la otra, sus familias no se conocían. Ni siquiera tenían entonces la posibilidad de encontrarse en alguna visita.
Había que esperar pacientemente la reanudación de las clases.                
 Acabó junio y Toshiro arrancó contento la hoja del almanaque.
Se fue julio y Naomi arrancó contenta la hoja del almanaque.
Y aunque no lo supieran ¡Por fin llegó agosto!-pensaron los dos al mismo tiempo.
Fue justamente el primero de esos cuando Toshiro viajó, junto con sus padres, hacia la aldea de Miyashima. Iban a pasar una semana. Allí vivían los abuelos, dos ceramistas que veían apilarse vasijas en todos los rincones del local.
Ya no vendían nada. No obstante, sus manos viejas seguían modelando la arcilla con la misma dedicación de otras épocas. –Para cuando termine la guerra… -decía el abuelo.-
Todo acaba algún día... – comentaba la abuela por lo bajo. Y Toshiro sentía que la paz debería ser algo muy hermoso, porque los ojos de su madre parecían aclararse fugazmente cada vez que se referían al fin de la guerra, tal como a él se le aclaraban los suyos cuando recordaba a Naomi. 
¿Y Naomi?
El primero de agosto se despertó inquieta; acababa de soñar que caminaba, sobre la nieve. Sola. Descalza. Ni casas ni árboles a su alrededor. Un desierto helado y ella atravesándolo.
Abandonó el tatami, se deslizó de puntillas entre sus dormidos hermanos y abrió la ventana de la habitación. ¡Qué alivio! 
Una cálida madrugada le rozo las mejillas. Ella le devolvió un suspiro.
El dos y tres de agosto escribió, trabajosamente, sus primeros haikus.

Lento se apaga
El verano.
Enciendo lámparas y sonrisas.
Pronto
Florecerán los crisantemos.
Espera,
Corazón.

Después, achicó en rollitos ambos papeles y los guardó dentro de una cajita de laca en la que escondía sus pequeños tesoros de curiosidad de sus hermanos.
El cuatro y cinco de agosto se los pasó ayudando a su madre y a las tías. ¡Era tanta la ropa para remendar! Sin embargo, esa tarea no le disgustaba.
Naomi siempre sabía hallar el modo de convertir en un juego entretenido lo que acaso resultaba aburridísimas para otras chicas. Cuando cosía, por ejemplo, imaginaba que cada doscientas veintidós puntadas podía sujetar el deseo para que se cumpliese.
La aguja iba y venía, laboriosa. Así, quedó el pantalón de su hermano menor el ruego de que finalizara enseguida esa espantosa guerra, y en los puños de la camisa de papá, el pedido de que Toshiro no la olvidara nunca…
Y los dos deseos se cumplieron.
Pero el mundo tenía sus propios planes…
Ocho de la mañana seis de agosto en el cielo de Hiroshima.
Naomi se ajusta su obi de su kimono y recuerda a su amigo: -¿Qué estará haciendo ahora?
“Ahora”, Toshiro pesca en la isla mientras se pregunta: -¿Qué estará haciendo Naomi?
En el mismo momento, un avión enemigo sobrevuela el cielo de Hiroshima.
En el avión, hombres blancos que pulsan botones y la bomba atómica surca por primera vez en el cielo. El cielo de Hiroshima.
Un repentino resplandor ilumina extrañamente la cuidad.
En ella, una mamá amanta a su hijo por última vez.
Dos viejos trenzan bambúes por última vez.
Una docena de chicos canturrea: “Donguri Koro Koro- Donguri Ko…” por última vez.
Cientos de mujeres repiten sus gestos habituales por última vez.
Miles de hombres piensan en mañana por última vez.
Naomi sale para hacer unos mandados.
Silenciosa explota la bomba. Hierven, de repente, las aguas del río.
Y medio millón de japoneses, medio millón de seres humanos, se desintegraron esta mañana. Y con ellos desaparecen edificios, árboles, calles, animales, puentes y el paso de Hiroshima.
Ya ninguno de los sobrevivientes podrá volver a reflejarse en el mismo espejo, ni abrir nuevamente la puerta de su casa, ni retomar ningún camino requerido.
Nadie será ya quien era.
Hiroshima arrasada por un hongo atómico.
Hiroshima es el sol, ese seis de agosto de 1945. Un sol estallando.
Recién en diciembre logró Toshiro averiguar dónde estaba Naomi ¡Y que aún estaba viva, Dios!
Ella y su familia, internados en el hospital ubicado en la localidad próxima de
Hiroshima. Como tantos otros cientos de miles que también habían sobrevivido al horror, aunque el horror estuviera ahora instalado dentro de ellos, en sus misma sangre.
Y hacia ese hospital marchó Toshiro una mañana.
El invierno insinuaba ya en el aire y el muchacho no sabía si era el frío exterior o sus pensamientos lo que le hacía tiritar.
Naomi se hallaba en una cama situada junto a la ventana. De cara al techo. Con los ojos abiertos y la mirada inmóvil. Ya no tenía sus trenzas. Apenas una tenue pelusita oscura.
Sobre su mesa de luz, unas cuantas grullas de papel desparramadas.

-Voy a morirme, Toshiro… -susurró, no bien su amigo no se paró, en silencio, al lado de su cama. –Nunca llegaré a plegar las mil grullas que hacen falta…

Mil grullas… o Semba-Tsuru, como se dice en japonés.
Con el corazón encogido, Toshiro contó las que se hallaban dispersas sobre la mesita. 
Sólo veinte. Después, las juntó cuidadosamente en un bolsillo de su chaqueta.

-Te vas a curar, Naomi- le dijo entonces, pero su amiga no lo oía ya: se había quedado dormida.

 El muchachito salió del hospital, bebiéndose lágrimas.
Ni la madre, ni el padre, ni los tíos de Toshiro (en cuya casa se encontraban temporariamente alojados) entendieron aquella noche el porqué de la misteriosa desaparición de casi todos los papeles que, hasta ese día, había habido allí.
Hojas de diarios, pedazos de papel para envolver, viejos cuadernos y hasta algunos libros parecían haberse esfumado mágicamente. Pero ya era tarde para preguntar. Todos los mayores se durmieron, sorprendidos.
En la habitación que compartía con sus primos, Toshiro velaba entre sombras. Esperó hasta que tuvo la certeza de que nadie más que él continuaba despierto. Entonces, se incorporó con sigilo y abrió el armario donde se solían acomodar las mantas.
Mordiéndose la punta de la lengua, extrajo la pila de papeles que había recolectado en secreto y volvió a su lecho.
La tijera llevaba oculta entre sus ropas.
Y así, en el silencio y la oscuridad de aquellas horas, Toshiro recortó primero novecientos ochenta cuadraditos y luego los plegó, uno por uno, hasta completar las mil grullas que ansiaba Naomi, tras sumarles las que ella misma había hecho. Ya amanecía.
El muchacho se encontraba pasando hilos a través de la silueta de papel. Separó en grupos de diez frágiles grullas del milagro y las aprestó para que imitaran el vuelo, suspendidas como estaban de un leve hilo de coser, una encima de la otra.
Con los dedos paspados y el corazón temblando, Toshiro colocó las cien tiras de su furoshiki y partió rumbo al hospital antes de que su familia se despertara. Por esa única vez, tomó sin pedir permiso la bicicleta de su primo.
No había tiempo que perder. Imposible recorrer a pie, como el día anterior, los kilómetros que lo separaban del hospital. La vida de Naomi dependía de esas grullas.

-Prohibidas las visitas a esta hora- le dijo una enfermera, impidiéndole el acceso a la enorme sala de uno de cuyos extremos estaba la cama de su querida amiga.

Toshiro insistió: -Sólo quiero colgar estas grullas sobre sus lecho. Por favor…
Ningún gesto denunció la emoción de la enfermera cuando el chico le mostró las avecitas de papel. Con la misma impasibilidad con que momentos antes le había cerrado el paso, se hizo a un lado y le permitió que entrara: -Pero cinco minutos, ¿eh?
Naomi dormía.
Tratando de no hacer el mínimo ruidito, Toshiro puso en su silla sobre la mesa de luz luego se subió.
Tuvo que estirarse a más no poder para alcanzar el cielo raso. Pero lo alcanzó. Y en un rato estaba las mil grullas pendiendo del techo; los cien hilos entrelazados, firmemente sujetos con alfileres.
Fue al bajarse que su improvisada escalera advirtió que Naomi los estaba observando.
Tenía la cabecita echada hacia un lado y una sonrisa en los ojos.

-Son hermosas, Toshi-Chan… Gracias…

 -Hay un millar. Son tuyas, Naomi. Tuyas -y el muchacho abandonó la sala sin darse cuenta.

En la luminosidad del mediodía que ahora ocupaba todo el recinto, mil grullas empezaron a balancearse impulsadas por el viento que la enfermera también dejó colar, al entreabrir por unos instantes la ventana.
Los ojos de Naomi seguían sonriendo.
La niña murió al día siguiente. Un ángel a la intemperie frente a la impiedad de los adultos ¿Cómo podían mil frágiles avecitas de papel vencer el horror instalado en su sangre?
Febrero de 1976.
Toshiro Ueda cumplió cuarenta y dos años y vive en Inglaterra. Se casó, tiene tres hijos y es gerente de sucursal de un banco establecido en Londres.
Serio y poco comunicativo como es, ninguno de sus empleados se atreve a preguntarle por qué, entre el aluvión de papeles con importantes informes y mensajes telegráficos que habitualmente se juntan sobre su escritorio, siempre se encuentran algunas grullas de origami dispersas al azar.
Grullas seguramente hechas por él, pero en algún momento en que nadie consigue sorprenderlo.
Grullas desplegando alas en las que se descubren las cifras de la máquina de calcular.
Grullas surgidas de servilletitas con impresos de los más sofisticados restaurantes…
Grullas y más grullas.
Y los empleados comentan, divertidos, que el gerente debe creer en aquella superstición japonesa.

-Algún día completará las mil…-cuchicheaban entre risas-. ¿Se animará entonces a colgarlas sobre su escritorio?

Ninguno sospecha, siquiera, la entrañable relación que esas grullas tienen con la pérdida de Hiroshima de su niñez. Con su perdido amor primero.



Extraído de “No somos irrompibles”, doce cuentos de chicos enamorados, Elsa
Bornemann, Editorial Alfaguara.

Elsa Bornemann nació en Buenos Aires, Argentina, un 20 de febrero de 1952. Es una escritora de cuentos infantiles